Usted me inspira,
y eso es un decreto grabado en el cosmos,
una sentencia de fuego dictada por los astros
cuando su piel rozó mi pensamiento.
Sus ojos…
paraíso e infierno en el mismo destello,
me llaman sin voz,
me condenan con ternura,
me invitan a pecar despacio,
como si el tiempo se rindiera ante su mirada.
Y su risa,
su risa...
es un temblor que desarma el alma,
una caricia que se desliza invisible,
que toca donde las palabras callan,
y el deseo se vuelve poesía.
Usted no solo inspira,
usted provoca el incendio,
enciende mi verbo,
mi piel,
mi universo,
y me deja escribiendo su nombre
en c
ada latido que me queda.