El arte es incomodarse,
proyectarse en una obra,
en posiciones incómodas y satisfactorias,
donde la creación es un acto de resistencia.
Prefiero mil veces esto
que apoyar la compra y venta de carne humana,
enriquecer compañías negreras
adictas al polvillo dorado.
No he olvidado, aunque no fue mi siglo,
mis antepasados llevan mi rencor,
el descaro de la explotación.
No me callarán con el \"yo no fui\",
ni con el rubí vendido barato,
no alagaré sus labios carmesí.
En Europa, ensuciaría mi cara,
para que vieran quién pinta los retratos,
de quienes ellos adoran.
Incomodando lo que más les duele:
el bolsillo y el cepillo de la sonrisa de pillo.
Nadie frena mis colmillos.
los volcanes y las cordilleras no obedecen estribillos ni garabatos,
ilustradores conocen lo difícil de ese campo,
la naturaleza con su rareza, un altar en lo más alto.
Observando los paisajes verdes,
escuchando los coloridos pájaros,
viendo las inmensas raíces, los vastos ríos,
la triste usurpación y el saqueo de las riquezas nativas.
El Edén está en América Latina,
y en las carabelas, los botines de guerra,
guerra inventada por la conquista justificada,
para la población aborigen de América, la más maltratada.
Pagaría con moneda caótica
a quien silencia el dolor histórico con migajas,
y los mandaría a pedirles el cambio
a los hijos de la Gran Bretaña.