En sus manos, las estrellas,
y el poder de esta vida bella.
Es un regalo que, de sus labios,
brote este amor tan desbordado,
proclamando que no estás solo
y que, a su lado, lo puedes todo.
Es su poder,
¿podrás creer?
Que por la cruz puedes vencer.
Su cuerpo en ella entregó,
en el Espíritu, con poder, se enseñoreó,
incluso allá, en lo profundo del seol,
donde Él descendió.
Pero volvió,
lo tomó y resucitó;
al tercer día se manifestó
con esplendor y autoridad,
mostrando toda su majestad,
además de su amor incondicional.
Siempre dispuesto a perdonar,
sanando y restaurando,
echando fuera el fracaso.
Descansará tu alma
para que veas un mejor mañana.
Recuerda bien:
todo es por fe.
Él está vivo —
fíjate bien.
No en la cruz...
Míralo, por favor,
con los ojos de tu corazón.
Él llena tu vida con su amor
y desvanece todo el dolor.
Créelo, por favor:
Jesús, de la muerte regresó,
la derrotó;
despejó y abrió el camino de la salvación,
para que, hacia la eternidad,
tú puedas transitar
y de su lado caminar,
en esta bella vida
y en la que vendrá.