En medio de la nada,
bajo un cielo gris,
cierro mis ojos
y escucho el latido de mi corazón.
Las ideas se disuelven en mi mente,
van y vienen como el viento.
Todo pasa tan rápido:
el día, la noche, el tiempo.
No vi el instante en que crecí,
cuando avancé…
cuando, sin notarlo, maduré.
Mi espíritu permanece,
y las ganas de vivir crecen cada día,
pero a veces… solo a veces,
quisiera cerrar mis ojos para siempre
y descubrir qué existe más allá.
¿Habrá vida?
¿Encontraré a quienes amé?
¿O seré solo un alma errante,
vagando entre luces inciertas,
esperando que sea cielo
y no la sombra eterna del olvido?
¡No!
Solo quise asomarme al misterio.
Una luz despierta mientras respiro de nuevo,
los sonidos del mundo me llaman,
me traen de regreso.
Solo buscaba un instante de calma,
un suspiro de silencio,
para seguir caminando en este mundo incierto,
donde nada está escrito,
donde el futuro avanza sin pausa
y el tiempo no espera a nadie.
Tal vez haya espacio para pensar…
tal vez para vivir,
y también para sentir.
Porque todo continúa,
y nuestra vida, inevitable, se desvanece.
Y quizá —solo quizá—
un lejano descendiente, movido por curiosidad,
buscará en el pasado
la huella de un nombre olvidado.
Y allí, en el azar del recuerdo,
apareceré una vez más:
como alguien que un día vivió,
que no desapareció del todo,
que quedó suspendido en el tiempo…
como un eco,
entre la memoria
y la eternidad.
A.V.A.N.