Si el dolor me viene a visitar.
¡Oh!, yo le doy la bienvenida a mi triste hogar.
Le ofreceré un té frío y un adiós no entregado.
Un pan roído y un abrazo no correspondido.
Si es que se encuentra cansado, yo le brindaré aposento.
Encontrará una almohada de memorias y lágrimas secas,
un débil sillón que soportará su grácil peso.
¡Pase usted!
Si requiere compañía, no se preocupe, hoy decidió habitar conmigo la distinguida soledad,
quien estará gustosa de verlo.