No soy poeta de rosas y lunas,
ni compañero adulador.
Me pierdo en silencios pesados
y vuelvo cargado de versos
que ahora te canto.
Tú, tan alegre como las cumbias de Iztapalapa,
yo, más oscuro que un invierno sin ventanas.
Y sigo aquí como un perro
negociando con el carcelero.
Para soltarte todos esos te quieros
que tengo encarcelados en el pecho.
Aunque les abra las rejas,
ahí se quedan quietos.
Y sin decirte nada.
Te quiero como la rabia del hambre,
con la sed que muerde por dentro.
Te quiero como un perro sin dueño,
que no busca huesos,
solo tus caricias y besos.
Con más sed que en el Hongo en agosto,
con más hambre que un santo sin fe.
Los te quieros se me escapan cantando
y el carcelero no sabe qué hacer.
Sergio F.G
Obra registrada