«Eres divino polvo de estrellas
que navega en el cielo.
Volando te encuentro
en lirio de huerto;
quizá la vida no sea solo el momento
fugaz, y a veces incierto,
siendo un sentimiento.
Mas tú eres todo un encuentro
que de mi mente surge,
como un haz de luz
que se vuelve noche y día,
y solo tu figura se sostiene.
¿Será que mañana vuelva a mirarte
con ojos de humano?
Con esperanza, como la del nazareno,
o de espíritu que recorre el terreno,
hecho tiempo en el espacio.
El Tic-tac que se escucha,
que me anuncia una estancia mortal,
que recorre las horas,
que envuelve el firmamento
y, solo con ello, tu presencia entre el viento.
Siendo tu figura una estrella
que acaricia mi recuerdo,
dejando una huella
que va de Vía Láctea a Andrómeda
en un sublime encuentro,
con una mirada desde dentro,
haciéndome sentir que yo soy
lo que tú siempre fuiste: mí centro».