No hay espada que destruya
la fuerza del pensamiento;
ni habrá balas que asesinen
la esperanza de los pueblos
de luchar por la justicia
y el cultivo de sus sueños.
No habrá vientos que a la barca
(en su viaje hacia su puerto)
hoy le impidan que navegue,
aunque el mar esté revuelto
agitado con sus olas
y los muchos fuertes truenos.
Las ideas no se matan
porque viven en los muertos
que han dejado su legado
con fusil o con sus versos,
como bien lo hizo Martí,
como nuez de los almendros.
No hay tormentas que detengan
la defensa de lo nuestro
ni tampoco cataclismos
que destruyan nuestro credo
porque al mal se le destruye
con los credos verdaderos...
Las ideas nunca mueren
pues perviven con el tiempo
como la semilla criolla
que produce fruto bueno
y las muchas tradiciones
que heredaron los ancestros...
Y la voz nunca se apaga
sigue viva como el fuego
que batalla día y noche
en veranos o en inviernos
porque viven las ideas
como el brillo de luceros
que iluminan, que titilan,
cuando el cielo está más negro…