Llegas a mí
de forma inesperada,
con esa forma tuya
de entrar sin preguntar
y hacer que tus versos
(como si nada)
se adueñen de mí.
Tus palabras
se arropan en mi alma
como quien al volver a casa
reconoce su hogar,
y de esa manera tú,
me enseñas a buscar,
a encontrar razones
más allá de las frases.
Pero hay veces
en las que las cosas
simplemente… ocurren,
y así tenía que ser tu adiós,
con esa manera de hablar
casi sin decir…
pero dejando todo a la vista,
sin querer perturbar y a la vez…
removiendo mi interior
hasta conseguir que tiemble
(una vez más)
al borde de ti.
Por eso amor,
yo me quedo aquí,
colgado al borde de tus versos
y si un día, decides volver…
tiéndeme fuerte tu mano
y aférrate a mí.