Hay ausencias más presentes que las formas,
que no se evocan
y aun así permanecen.
Se honran sin nombre,
como se honra lo sagrado.
No se van:
se acomodan en otro lugar del alma,
más hondo,
más calmo.
Y desde ahí
nos permitimos andar los pasos
y abrir los brazos.
Continuar la vida,
sin mutilarnos.