Si estas buscando, la mujer idónea,
muy apropiada. Que sea apta para tu vejez.
La compañía, para tus últimos días.
Y al encontrar una. Lo primero que miras;
Es su pronunciado escote, que acentúa,
ese camino pecaminoso a su feminidad.
Y sin querer, bajas la mirada, al pliegue
desmedido, que parte su falda impúdicamente.
O sin malicia, fijas un atisbo, en sus labios rojos.
Tan carnosos como húmedos y sedosos.
Te digo, que lo que estas buscando,
no es la mejor amiga, ni fiel compañera.
Es porque, lo que realmente buscas;
Es el desacierto, de una fugaz aventura.
No te quejes, si terminas hablando…
Muy solo y quebradamente llorando.