¿Qué tal un gracias?
en la mañana al despertar,
para empezar:
gracias por el respirar
y el corazón palpitar.
Gracias quizá por el dolor,
por una ausencia que aflige tu corazón;
o por aquella traición
que, como puñal, traspasó tu interior
y te sumergió en una profunda consternación.
Las gracias también se pueden dar
cuando la expectativa no se pudo superar
o cuando, por cualquier razón,
pisotearon tu ilusión.
Gracias en la adversidad,
si tu hogar ves desmoronar
o a quien amas
se marcha sin explicar.
Gracias por los desiertos,
por la sequedad y los procesos,
por la pérdida de un hijo,
ya que no era el tiempo.
Quizás, al pasar el día,
por el caminar de la vida,
te enredes en las espinas
o tropieces sin evitar caída.
No permitas que estas heridas y la aflicción
atrapen tu corazón.
Decide perdonar, para que la zarza de la amargura
no lo vaya a presionar, evitando tu respirar.
Eso sí sería fatal,
porque, como un veneno, intoxicaría tu interior.
La amargura no tiene compasión:
tu luz apagará para que no puedas disfrutar,
atándote al pasado
y a corazones malvados.
Tu espíritu sufrirá
sin necesidad.
DECIDE PERDONAR…
A tu corazón liberarás,
tus manos fortalecerás.
Un nuevo inicio tú verás:
¡Ya lo veras ¡
es aceptar lo que no se puede cambiar,
y nuevas puertas se abrirán, de par en par,
para nuevamente empezar,
y así las gracias volverás a dar.