Entender a quien anda por ahí con la mirada perdida, con el cabello corto y los labios resecos.
No te culpo, no te culpo...
Porque tus ojos están diseñados para comprender la semiótica tan simple de la vida.
Y no te entiendo, no te entiendo.
¿Porque me haces tener un constante lamento?
Si tan solo fueron un par de veces que compartimos, podría contar con los dedos y saldrían sobrando.
No te culpo, no te culpo.
Mis ojos ahora derraman miel en vez de lágrimas saladas y cuando sonrió abro la puerta al cielo, cuando más respiro más me crece el cabello y cuando me siento a escribir a mis manos les nacen flores.
Así que...
No te culpo, no te culpo.