Mi historia es tan breve como esas brisas suaves que después dejan ver un
arcoíris en el horizonte; mi vida es así, como un niño que se asoma por la
ventana y descubre el mundo afuera, golpeando el cristal para asustar a un
pájaro distraído. Soy como un cometa que pasa de pronto sin fijar
coordenadas ni destino; vago y dejo que los sucesos en mi vida sean meros
accidentes y descubrimientos. No soy un marinero que siga estrellas en el
horizonte ni trace una ruta sobre un mapa y fije sus ojos en un lente
telescópico; me gusta más lo insólito, aquello que aparece de pronto y te
envuelve en su atmósfera de sorpresa y misterio. Soy un eterno amante de la
vida, pero de la vida orgánica, de la vida que surge del deseo y las pasiones, de
los sueños y el amor al camino; me considero un alma silvestre y nómada en
tiempos de almas domesticadas