Para quienes han leído en la piel del amado un pergamino sagrado, una cartografía íntima donde cada poro es un abismo que canta bajo el tacto. Porque el amor verdadero no solo se dice: se navega, se pierde en espumas y dunas, se bebe en licores prohibidos y se escribe con el alfabeto mudo de los jadeos, los roces y los gemidos que se vuelven notas de una danza a la vez profana y santa. Que estos versos sean el testimonio de que el misterio más hondo no está en lo lejano, sino en la piel cercana que se entrega como mapa, como templo y como eternidad hecha de dulce perdición.
Para ti, mi Pantera Negra.