Rodrigo Favonio

El Peregrino de Orionis

Los ojos jadeantes

Partículas pisan.

En arenas o estrellas,

En fuego u agua,

Sin palabras asoma

La tormenta.

 

Como un pilar de Heliopolis

Se prosternó eternamente

La razón científica.

 

En un campo de pozos

Se despierta la luna.

Sale el sol

Cuya languidez

Iguala el fulgor inefable

De una rosa perdida.

 

Y el León Rojo,

Besado por el Nilo

Y bendito por los zenites,

Victorioso mora.