Luis Barreda Morán

Guatemala, Nunca más

GUATEMALA, NUNCA MÁS

I
Hubo un tiempo de silencio forjado en hierro,
de noches sin luna sobre el altiplano.
El Estado alzó su puño de ceniza y guerra,
y la tierra, nuestra madre, tembló de horror.
No fueron sombras lejanas, ni fantasmas de la selva,
fueron manos con uniforme, frías, organizadas,
que trazaron sobre el mapa un camino de vergüenza:
la “política” del miedo, la “doctrina” de la pena.

II
La montaña fue testigo, el río llevó la sangre
de rostros color de tierra, de vestidos de mil lunas.
El pueblo ixil, el quiché, el kekchí, el mam,
vio llegar la “hora cero” con su estruendo de acero.
“Eliminar el cáncer”, dijeron los de escritorio,
y el verbo se hizo metralla en la aldea, en la milpa.
Fue el arrasamiento: hogares, sueños, vientres,
semillas pisoteadas por la bota del invierno.
Guatemala, escucha el llanto de tus hijos:
¡Nunca más el fuego arrasando la semilla!

III
En la ciudad, la inteligencia tejía sus telarañas.
La universidad era peligro, el pensamiento, delito.
Oliverio Castañeda de León, juventud que caminaba,
cayó bajo la cobardía de disparos anónimos.
Su crimen fue la palabra, su amenaza, la conciencia.
Manuel Colom Argueta, alcalde de la esperanza,
vio su rumbo truncado por la saña del “aparato”.
Su sueño de una patria justa fue apagado a balazos,
en una calle cualquiera, en un día como todos.
Guatemala, recuerda a tus hijos caídos:
¡Nunca más el silencio cómplice del crimen!

IV
Fueron miles. Desaparecer fue un verbo conjugado
en celdas clandestinas, en cuarteles sin nombre.
La tortura fue ciencia, el quebranto, método.
El “interrogatorio” dejó marcas en el alma,
cuerpos convertidos en paisajes de dolor,
mentes hechas añicos por el odio sistemático.
El Ejército de Guatemala, con sus planes macabros,
convirtió la seguridad en pesadilla nacional.
Y la Policía, instrumento, y los tribunales, mudos.
Guatemala, siente las heridas de tu carne:
¡Nunca más el dolor como instrumento del Estado!

V
La violencia fue río que inundó todo cauce:
contra el sindicalista que alzaba su reclamo,
contra el estudiante que soñaba un mundo nuevo,
contra el sacerdote que eligió a los pobres,
contra la mujer, el anciano, el niño indefenso.
Masacres con nombres: Panzós, Dos Erres, Río Negro…
La lista es un estigma, una letanía de espanto,
donde el “enemigo interno” era cualquier corazón 
que albergará un destello de dignidad.
Guatemala, lee los nombres tallados en la noche:
¡Nunca más la muerte como ley y respuesta!

VI
Por eso hoy alzamos este canto de memoria,
no desde el rencor ciego, sino desde la verdad.
El informe abrió las fosas, destapó el silencio,
puso sobre la mesa los hechos, crudos, fríos:
fue el Estado el verdugo, fue el poder el que mató,
con saña planificada, contra su propio pueblo.
Es un poema trunco, una historia sin héroes,
solo víctimas incontables y un grito que persiste.
Para que la tierra, al fin, pueda cicatrizar,
para que el futuro no repita el ayer sombrío.
Guatemala, jura sobre tu historia sangrada:
¡NUNCA MÁS!

—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA 
Enero, 2023.