Callado me alisto y salgo a la calle,
el día es un acto que debo enfrentar.
Vestido en silencio va cada detalle
del rol desolado que cargo al andar.
Cansado discurso presento a la vida,
teatro vacío es el mundo sin más.
Monólogo triste que nunca se olvida,
repito mis líneas sin pausa jamás.
Y así cada día mi alma cuestiona
por qué este papel me ha tocado aceptar,
este soliloquio frente a una persona:
pues soy yo la audiencia de mi propio actuar.
La máscara nace en mi rostro cansado,
su sonrisa vuelve y me viene a contar
de cómo se ocultan mis labios marcados,
tristeza que nadie quiere vislumbrar.
Hoy como ayer la función se repite,
y un día las luces tendrán que morir,
hasta que el olvido cruelmente me quite,
sigo en esta escena... sin poder vivir.