Aquí, Madame, recibo
tus órdenes ante este ramo;
ramo de escarlatas. Escúcheme:
soy Safolzo, hijo de sus sueños.
Devuelta aquí y allá,
donde la memoria ata,
entremezclar aquellas órdenes
que pasaron por la vuestra.
Mientras más escarbaba,
las brumas me perdían,
densas y encadenadas,
como orgullo del cisne.
Pues será como un cuervo que grazne.
Ante tal piel en el cenicero, sin fuerza, clama:
—\"¡Lárgate, Safolzo! No encontrarás nada, pues nada soy\".
—\"Yo debería juzgar eso, Madame\", dije.
—\"Condenado, lárgate... infeliz\".
Danzaban aquellos ciegos que,
tenaces al sueño, ardían.
Ardían en penas calladas;
trasnochaba con aquella carta,
pues el infierno la consumía
y la esperaba en su desierta mente.
Madame, permítame: pues aquellas hileras,
sacudidas de tajalanas,
abrumaban la foto de su amor.
No lo repetiré otra vez, Madame.
Aquel ocaso amparaba la habitación;
y al hacha del viento, conoció el inframundo.
Ford George
ツ sick coffee