La barquera.
Recién han llegado los viajeros
al alba de su porvenir.
Son hijos del milagro cumplido
hijos de la vida desplegándose
hacia el mañana y sus promesas.
Sus pasos guiados
por el brillo del amor, su brújula heredada
laten al ritmo de su fortaleza.
Con en la mano una espada
forjada de sueños y de valor
y en el pecho un escudo
de cordura y prudencia
hollan la tierra fértil de sus florecientes esperanzas
avanzan con la intrepidez de la juventud.
El mundo los espera, la vida les pertenece.
Y ya pertenecen al mundo.
Apartada de la orilla, la barquera está remando, desorientada.
Han llegado adonde quería llevarlos.
Ya no están en la barca sus hijos.
Sola, ahora rema en círculos.