Las niñas bonitas de mamá y papá,
abandonadas y ultrajadas por todo aquel a quien se le ocurría.
Aquellas putas olvidadas e incomprendidas.
¿Y quién mejor que una puta para entenderlas
y darles voz desde el fondo del alma,
que yo, que también fui el entretenimiento de muchos?
Que cante Sofy, y Sofy cantaba.
Porque las voces rotas también sonaban;
en cada verso, en cada llanto,
se escribían historias de las que nadie hablaba.
Las niñas bonitas de mamá y papá,
ahora guerreras con cicatrices que contar.
Olvidadas por muchos, pero no por ellas mismas,
porque en su dolor también hay heroísmo.
Yo, que fui el juego y el olvido,
ahora soy el eco de lo que han vivido.
Que cante Sofy, y Sofy seguirá cantando,
porque en cada palabra la vida está gritando.