Debajo de la cama
no hay monstruos imaginarios,
hay recuerdos despiertos
esperando que cierre los ojos.
Duermo en fragmentos,
cinco minutos robados al miedo,
seis si el cansancio me vence,
nunca lo suficiente
para soñar sin vos.
La realidad no tiembla:
es un frío que no se puede tapar,
entra por los huesos
y se queda,
como verdad que no pide permiso.
Hoy la muerte me enseñó su jugada,
no vino a llevarme,
vino a mostrarme
lo fácil que es perderlo todo
sin hacer ruido.
Respiro lento para no romperme,
pero la noche sabe mi nombre
y lo pronuncia despacio,
como una amenaza.
Si amaneciera
no sería alivio,
sería apenas otra prueba
de que sigo acá,
conviviendo con mis demonios
en silencio.