Le das algo a esa persona que más ninguna razona,
le das tiempo, fe y heridas que la noche te cuestiona.
Te quedas esperando migajas de atención,
mientras ella duerme en calma y tú peleas con tu voz.
Te gastaste en intentos, en perdones sin sentido,
en salvar un amor que nunca fue contigo.
Y aprendes, tarde y solo, con el pecho en prisión,
que hay amores que te usan
y le llaman “ocasión”.