Alabemos al Señor
Pues su mano nos sostiene,
Pues su mano del cielo
Baja y con Su dedo
Aplasta a los sátrapas.
Loemos al Señor
Pues siempre nos vigila
Noche y día Él nos cuida
Y baja su Augusto brazo
Interponiéndose entre los malos
Y nuestra fragilidad sin hado.
Cantemos al Señor
Pues Él siempre Su Promesa
Cumple en su mejor hora,
Y siempre Su Justicia
Llega con su horca.
Alabemos al Señor
Pues Su Reino ya se acerca,
Cayendo están los déspotas,
Sufriendo los hipócritas,
Y en pleno día a la vista
Los inútiles mendigan.