Y Dios vio necesario revelar el plan soteriológico:
se encarnaría en una criatura.
Mas esto no fue bien recibido:
al Maestro de los teólogos causó amargura.
Decidiste, ¡oh, Señor! dignificar al ser humano;
¿qué es el hombre para que te acuerdes de él? (Salmo 8:4)
de entre todo el portento de tu creación nos has elegido;
solo Tú, en tu omnisciencia, así lo has querido.
Pudiste, sencillamente, haber aparecido;
mas en tu sabiduría, a una mujer has escogido.
Primer Sagrario viviente es Nuestra Madre Santísima;
Reina de los ángeles; enemiga de la serpiente antiquísima.
Y es que precisamente eres Tú, Madre Nuestra;
la supuesta razón de Satanás para rebelarse;
cayendo con sus ángeles hasta la Tierra,
porque en su corazón no quiso gobernarse.
El Sol quiso abrazarte y exaltarte;
Vaso insigne de devoción; Auxilio de los Cristianos;
Arca de la Alianza, Puerta del Cielo;
Lucero de la Mañana, Salud de los enfermos.
¡Así es! ¡El Nuevo Lucero es elevado en el Reino de Dios!;
Más brillante y puro que el primero que se creó.
Una criatura te ha reemplazado;
golpe mortífero a tu orgullo exacerbado.
¡Dios te salve, muy favorecida! (San Lucas 1:28)
Dios está verdaderamente contigo.
Bendita Tú entre todas las mujeres;
Bendito es el fruto de tu vientre que es Jesús.
Y Dios así lo quiso; Él fue el primero en exaltarte;
posteriormente, fueron los ángeles;
¿Por qué te aborrecen sin antes contemplarte?
\"María la judía\", aclaman los protestantes;
eres espina incómoda para aquellos que rechazan venerarte.
Mas Dios fue quien te dio ese lugar;
¿quiénes somos nosotros para juzgar?
Pero al Demonio atormentas;
eres la Reina que su cabeza pisaste;
no con orgullo, ni teología;
fue tu pureza y humildad desbordante.
¡Que sea por siempre alabado,
el corazón amoroso de Jesús sacramentado!
¡Bendita seas, María, por recibir al Verbo;
¡Sagrario viviente que en ti Dios se ha humanado!
¡Salve, Regina!