Antonio Portillo

ANGUSTIA


La angustia no grita.
Se sienta.
Te mira a los ojos
cuando ya no queda nadie a quien culpar.
Llega cuando se caen los relatos,
cuando el azar se queda sin coartadas
y descubres que la mano
que empujó
era la tuya.
No es miedo al error.
Es miedo a la autoría.
A firmar con sangre
cada paso dado,
cada silencio elegido,
cada vez que miraste a otro lado
sabiendo.
La angustia pesa
porque no promete perdón.
No consuela.
No explica.
Solo pregunta.
—¿Y ahora qué harás
con lo que sabes?—
No viene a destruirte,
viene a desnudarte.
Te quita la infancia moral,
la excusa,
el refugio.
Duele porque revela
que nadie te empuja al abismo,
que eres tú
quien decide si salta
o aprende a bordearlo.
La angustia es el precio
de no mentirte más.
El peaje de vivir sin guías falsos.
La prueba de que estás despierto
en un mundo que prefiere dormir.
Si la sientes,
no huyas.
Has llegado al lugar
donde la vida deja de pasar
y empieza
a depender de ti.

 

Antonio Portillo Spinola