Para quienes han descubierto que el amor, en su forma más íntima, es un remedio que no se aplica con manos, sino con lengua, con tacto, con geografía compartida. Para quienes entienden que el cuerpo, cuando se entrega sin pudor, escribe poemas que los labios no pueden pronunciar, y que en el centro de cada flor que se abre, hay un fuego que estremece y redime. Que estos versos recuerden que el verdadero ungüento no está en los frascos, sino en la entrega total, en la inundación mutua que convierte el silencio en la más elocuente de las promesas.
Para ti, mi Pantera Negra.