Cuando las masas dejen de ser dóciles, las lenguas torcidas se apaguen y el conocimiento, por fin, prevalezca sobre la manipulación.
Cuando nadie pisotee ni viva del esfuerzo ajeno, y cada cual cumpla su parte, llevándola siempre a la acción.
Cuando nadie sea más ni menos que nadie, cuando nadie se crea mejor ni peor.
Cuando cada quien aporte lo que pueda, con responsabilidad, respeto, empatía, compromiso y decisión, unidos por un bien compartido, latiendo en un mismo pulso.
Cuando el respeto mutuo sea la norma y no la excepción.
Cuando la rueda gire sobre terreno igualitario, sin privilegios ni ventajas injustas, y avance por sendas de luz, alejada de las sombras y de la confusión.
Cuando desaparezcan el abuso, el miedo y la desesperación.
Cuando la mente rompa la niebla que cubre los ojos y prevalezca la luz del corazón.
Entonces, a todos nos irá mejor, y la rueda, por fin, cumplirá su función:
Más conciencia, y con ella, más profundidad; más luz, y con ella, más claridad...
y una transformación más justa, generación tras generación.