Aguardo a que redoblen las nubes,
que se forman en cúmulo vil
por ramajes de hiedras profundas;
sus raíces se expanden rotundas,
y en estruendo de níveo marfil
me postré ante clamores querubes.
Con un soplo de heladas goteras
se revuelven las huestes en tromba,
que del agua han tocado la bomba
de locura, volviéndose en fieras.
Se enaltece mi vista hacia el suelo,
suplicando piedad ante el caos,
mas arriba se escucha: \"¡callaos!\",
y descuelga su furia el gran cielo.