Rafael Blanco López

Un día común

Hoy el mundo no hizo nada extraordinario y aun así me sostuvo.

 

El café se enfrió como se enfrían las certezas, los semáforos repitieron su doctrina y alguien pasó de largo con una prisa que no era mía.

 

Pensé en todo lo que no digo, en las palabras que se quedan sentadas al borde de la lengua mirando caer la tarde.

 

Hay días que no traen revelaciones, pero dejan una grieta mínima por donde entra la luz sin hacer ruido.

 

Caminar fue suficiente.

 

Respirar, también.

 

El tiempo no explicó nada, solo siguió.

 

Y en ese gesto -tan común, tan invisible- entendí que a veces vivir no es otra cosa que no huir de uno mismo.

 

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Rafael Blanco López 

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