No quiero que me devuelvas
la imagen de un yo externo.
Prefiero que reflejes lo verdadero:
las intenciones,
los pensamientos,
el estado emocional,
los verbos
que aún no nacen de la boca.
Quiero un espejo que sea valiente,
que mire a los ojos
de la imagen de quien está reflejando.
Quiero el espejo sincero,
que no me mienta cuando yo quiero.
El espejo de la claridad,
que refleje futuros
pequeños futuros.
No importa si es vidrio biselado
o un viejo espejo quebrado.
No importa si está sobre un mueble anclado,
o sobre una Torre de Babel, ilusionado.
Solo quiero que el espejo sea franco,
que tenga la sabiduría de un mago,
que no le mienta a mis ojos,
que escudriñan mi pasado.
Ese espejo que ha recorrido el tiempo,
dando cuenta de un mundo
que se abrió
y se cerró
con los años.