Nathanael

VACIO

El mundo no es más inmoral que antes:

solo es más rápido, más visible y más rentable.

El pecado no es nuevo,

pero la tecnología lo amplifica.

​Los malos placeres no llenan: anestesian.

No sanan la piel, solo perpetúan la herida.

No son actos de libertad,

sino el hambre de un espíritu en ayunas.

​Cuando el alma calla, el cuerpo grita.

Donde no hay trascendencia, el placer usurpa el trono

y se convierte en un dios exigente y vacío.

​La lucha nunca fue contra el placer,

sino contra la soledad.

Ese hueco profundo del alma

que el cuerpo intenta colmar con cuerpos,

con sudor y con carne que no ama.

​Después del video, después del clímax...

¿te sientes completo?

Nunca.

Solo queda un alivio corto

y una tristeza más larga.

​Porque la soledad no se cura con estímulos,

se cura con presencia.

Y el alma, bajo el ruido, sigue esperando

que alguien se quede cuando todo se apaga.