Encontré brisa dentro de mis lágrimas
cuando cayó la noche sobre mis labios
y
saboree el dulce aroma de la fantasía.
Quién desata la mente con brío,
quién revela de su corazón un arma.
Yo vivo del fragmento,
yo vivo de la melancolía.
Allí encontré en mis ojos la llama de la tarde
quemando las sonrisas de los demás:
Dejando heridas en los besos
y muerte en las caricias.
Entonces volteé mi corazón descarnado,
lo arrojé sobre el abismo del cielo;
trago poco las cenizas de mi amor
y
ya el viento no tuvo nada que soplar
porque el polvo se había convertido
en sueño.
Estoy aquí enredado en el escozor
que provoca la cebolla cuando la miras,
irritando la realidad,
provocando el vómito del tiempo
y marcando con una navaja
la sangrienta forma de mis ilustraciones
sobre mi piel.