Señor mío y Dios mío,
aquí estoy, tal como soy:
una mujer que ama,
una hija que no olvida,
una madre y abuela que protege,
una sierva cansada, pero fiel.
Tú conoces mis pasos desde joven,
cuando salí a buscar horizontes
y Tú me regalaste un hogar,
un esposo bueno
y frutos benditos de mi vientre.
De esos frutos brotó una nueva vida
que hoy me llama “Mami”
y se aferra a mi alma.
Hoy vengo a Ti con el corazón partido,
no por falta de amor,
sino porque amo demasiado.
Cuando dejo a mi niña,
mi pecho se queda con su llanto.
Cuando voy a ver a mi madre,
sus ojos me esperan en la puerta
como si el tiempo no hubiera pasado.
Señor,
abraza Tú a la pequeña cuando yo no esté,
susúrrale que volveré,
que mi amor no se va,
solo camina un poco.
Y cuida a mi madre en su fragilidad,
recuérdale con Tu ternura
que no está sola,
que soy su hija
y que mi presencia nace del agradecimiento
por la vida que me dio.
Dame paz cuando la culpa quiera hablar,
silencia el miedo que me dice
que no es suficiente lo que hago.
Recuérdame que Tú ves el sacrificio
que nadie aplaude,
las lágrimas que no muestro
y el amor que sostengo en silencio.
Hazme instrumento de Tu amor, Señor,
aunque a veces me sienta frágil.
Multiplica mi presencia,
extiende mis brazos,
y sostén lo que yo no puedo sostener.
Hoy descanso en Ti.
Lo que dejo en Tus manos,
queda seguro.
Amén.
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Elizabeth Alejandra Castillo Martínez
Liaazhny, enero 2026.