Me percato de que me ato al delirio
de este sueño insensato, arrebato
como loco sin tiempo al dueño
de la fortuna malparida, la herida
que provoca mi camino en esta vida.
Sucumbo ante el dolor de tu grito
en el alma, que entre líneas dice: —amor—.
Temor del reposo en lo absoluto, luto de verdades.
Deidades que nada dicen,
enjambres de ideas en tempestades,
claudicaciones del sentimiento;
cuando miente se olvida tu nombre.
Soy la voz que vocifera: —te amo—.
Jaher