Me suspira en la nuca.
Inconsciente me dejo
engañar en la altura.
Soy culpable, lo admito,
de esas cejas fruncidas...
Basto ver mi alarido...
Precisar las veletas,
de su enojo infantil,
es velar su inocencia.
Mil sonrisas te aluden.
Cien desean tu piel.
Uno, piensa... y se pudre.
CARTA SOLIDARIA.
Querido Marco: No sé ni cómo empezar. Solamente sé que di todo por que esto funcionara. Quizá me faltó más comprenderte, o quizá te comprendo lo suficiente. Sucede que eres tan... Dios, es difícil explicarlo; pero no lo demos por terminado, aún nos falta mucho. Busca alguien o algo por el cual vivir; la escritura es tu motor, pero está en evidente desequilibrio, está zumbado mucho, y me duele no poder ayudarlo como quisiera. No rindas a destiempo; sería muy cobarde, y de un cobarde no me enamoré. ¿Me perdonarás? Espero que sí; sé que sí, tú no tienes ni un solo ápice de odio o rencor, aún así lo hagas ver. Debo ya despedirme. Él volvió con todas las de la ley, y nos casaremos muy lejos de aquí. Él te aprecia, te adora, al igual que yo... Si nos va todo bien como creemos, te llevaremos con nosotros. ¡Anda! No te lo pienses, ni te sorprendas. Adiós, Marco... Te extrañaré; en mi corazón te llevaré. Prometo y juro: volver. Fuiste y serás mío y un todo... Adiós.