Juan Sebastian Mena

El poeta y la estrella

En el corazón húmedo del bosque,

 

donde la luz se quiebra en musgo

 

y el tiempo camina descalzo,

 

un hombre encontró una estrellita caída.

 

No brillaba: susurraba.

 

Era un fragmento de cielo cansado,

 

una sílaba de eternidad

 

olvidada entre raíces.

 

El hombre la alzó

 

como quien recoge un signo

 

que no entiende

 

pero obedece.

 

Y el bosque cerró los ojos.

 

Ahora la estrella habita su biblioteca.

 

No ilumina: honda.

 

Su claridad es un pensamiento lento

 

que reposa sobre los libros

 

y los vuelve más graves,

 

más verdaderos.

 

Cuando la noche cae,

 

la estrella no alumbra la casa:

 

alumbra el silencio.

 

Y el hombre aprende, sin saber cómo,

 

que el mundo aún guarda

 

cosas que no se dicen

 

y, aun así, sostienen todo.