Ocasionalmente,
un eco suave se desliza
por el aire quieto,
no es un grito,
más bien susurra
una melodía
que corta como vidrio.
No es el ruido lo que me perturba,
sino su insistencia,
su forma de arrastrarme a lugares lejanos,
donde la luz se filtra en matices inciertos.
¿Quién toca? ¿Quién decide hacerme prisionero?
Ese artista oculto en las sombras,
con dedos silenciosos pero firmes,
elige mi corazón como lienzo.
Y yo aquí,
un espectador reacio,
desearía ser dueño de la batuta,
decidir quién orquesta esta tormenta sutil.
Pero tú no lo haces con intención de ser oído,
llegas sin aviso,
un ladrón de serenidad
y sin embargo,
tu música halla caminos secretos,
travesías que me recorren como ríos olvidados.
Desearía poder silenciarte;
ser el viento que ahoga tu canto.
Sin embargo te encuentro siempre aquí..
en cada rincón oscuro donde me refugio.
La belleza y el terror se entrelazan en tus notas,
las llamas bailan al compás del caos.
Y aunque quiera huir de este destino trazado,
me aferro a ti como quien abraza una tormenta.