O.D.A

Lugar de todos

 

Volé sobre las alas de un águila,

en la noche gris con indolencia deforme,

los murmullos comunican dolor

terminando en la angustia pasajera,

nunca vi tan oscura la noche fría

como ojos muertos,

los gatos de los tejados dejan caer

sus ojos de oro, como espejuelos en el abismo

atracando barcos entre los peñascos,

sortea traviesa la vara mimbra

el peso del talón, fuerte …

 

 

El campo era una noche manchada

de espasmos azules, lejanos donde se pierde

el cuento de un niño, y las velas cifraban ademanes

con tramos de plomo que asfixiaban los suspiros,

las colmenas sienten temor en su seguridad

de miel espesa, afuera las garras siempre tocan puertas

con traje de noche y engaños en las mangas.

 

Volé sobre una estrella fugaz

aunque incierta la noche,

me debo al despido de la inclemencia

y a la aspereza con que se aproxima el destino,

con una soga en los ojos y con el rabillo de miedo;

en las calles transitaban luces sobre velas de azufre,

conquistadas en pasos errantes, arrinconadas, ciegas

sin ojos, tal vez eran corazas violetas de carne muerta…

 

Había un cuervo sin nombre, intenso,

profundo, sereno, apilaba al viento

con su plumaje turbio y sus ojos de velo oscuro

encerraban a litigantes y acusados,

volaba por sus cuellos con una cuerda harapienta

y anidaba en sus manos a los ángeles caídos,

los miré con temor, con angustia

como una selva gris sin ojos, sin rostros,

eran hielo constante, habían muerto...

 

Ojos vacíos, ventanas a un agujero negro,

rostros donde no mora el alma,

los espíritus se desvanecen en el horizonte

cobrizo y la estela blanquecina predice sufrimiento

justo al subir la marea al cuello y las siluetas

petrificadas desfilan sobre mantos de sangre

hacia al llanto perenne de lo injusto,

como estatua de mármol, como la caída de las luces...

 

Volé justo allí, sobre los tramos sordos,

espinas de plomo amenazaban la tranquilidad

y el lamento latente se reproducía como buitres,

como plagas que devoraban al campo,

a los deseos, a los sueños arropados,

al cronometro caducado, a la marcha del reloj

acabando todo desde adentro;

y la repisa de las almas se quebraba

en las calles donde las luces no encienden

y los letreros oxidados chirrían,

la calma falsa decapita a los cerdos

y el pavimento posee mentes como moscas…

 

Sobre esas hojas de otoño muerto,

en el pobre amarillento aterricé

en la ausencia de aves blancas,

en los ojos muertos, en el abandono de la razón,

en la distancia sensible, estamos muertos

atravesados con lanzas de plomo;

¿ pesan las nubes de ceniza gris

en el despertar de las olas?

¿el invierno sepulta la búsqueda

de luz? Algún lugar,

en algún lugar espera …