Cuando parecía que,
el mundo se terminaba,
y que los muros de mis defensas,
al fin iban a caer,
cuando yo era prisionero,
en una cárcel dorada,
y hacía muescas en la pared,
apareciste tú.
Cuando me había cansado de las promesas,
y el destino nunca se equivocaba,
cuando ya no había esperanza,
ni agua donde beber,
cuando la noche era larga
apareciste tú.
Y llegó la calma,
y después de que tú llegaras,
los días en su amalgama,
confusos se entrelazaban,
y los campos dañados
en su primavera sanaban,
ya no importaba el destino,
apareciste tú.