He visto pobres flores morir a solas
al ahogarse con su vista en el río.
Lo atravesé en bote negro,
pisando flores rojas en la orilla.
Húmedo tras cruzar, enfermo,
451 grados de fiebre.
Olvidé mi nombre al llegar,
precavido, lo anoté en un pañuelo.
Escribía fragmentos de mí,
mi conciencia que a veces volvía.
Prueba viviente de aquel papel
que me aleja del abismo.
Kyo.