Mi alma un séquito de penas, mis ojos que ven la condena, los labios que tiemblan de menosprecio y amargura llena el cautiverio.
Dicha buena e inefable, linda tus entradas a la vida, queriendo sonreír a la incertidumbre y llorando la obstinada penumbra.
Quiereme tú sueño de carmín, arroyos de tus saetas y labios pegajosos, aferrado mi corazón de ternura por tus dichos y tus antojos.
Ámame más que la resiliencia a la mañana, cuando no quieres estar despierto, el día declina, llora y ama.
Soy poeta, no un lienzo, soy la herida de tu nuevo comienzo, cierras ante mis ojos el paso libre, grito por escapar y solo quedó detrás de tus cicatrices.