Crisbel Ferrer

Corazón cobarde

Ay, qué dolor tan grande

se ha sembrado en mi pecho.

 

De una y mil formas traté de arrancarlo,

de cortarlo para no tener que verlo,

pero sus espinas han dejado

desechas mis manos.

 

¿Cómo le explico al corazón

que este odio no es por él,

no es por mí,

sino porque no puedo dejar de sentir,

porque de mi vida

completamente no lo dejo ir?

 

No quiero decirme falsas esperanzas

frente al espejo,

no quiero prometerme

que un día dejaré de amarlo,

porque amores como ese

al alma le cuestan caro.

 

Dos otoños ya que te veo marchar

sin voltear a verme;

echa un nudo,

porque a nadie he vuelto a amar.

 

Esto sí que es un final,

 

porque sé que tú a mí

ya me dejaste atrás.