MatiasEmmanuel

El Umbral del Último Silencio

El monstruo no se esconde, camina a mi lado, su aliento es mi aliento, mi destino sellado. Bebe mi sangre, me sorbe las ganas de un mañana, me muerde la carne, la esperanza vana. Ha vaciado mi cuerpo, mi mente, mi voz, ya no soy más que el eco de lo que fui yo. ​\"Acuérdate de mí\", te ruego, antes de mi salto, cuando el sol ya no caliente mi interior, mi asfalto. No es un ruego de ayuda, la batalla está perdida, es la última brasa de mi llama encendida. El monstruo me empuja, no me deja pensar, solo un último impulso para dejar de pesar. ​Ya no quedan fuerzas, ni razones, ni sueños, el filo es mi caricia, el fin es mi dueño. Esta arma, este abismo, es el único amigo, que me ofrece la paz de no seguir contigo. Perdí la batalla, mi luz se apagó, el monstruo me abraza y en él me anidó. ​Cuando el golpe resuene, y el mundo se calle, cuando mi cuerpo inerte en el frío se halle, acuérdate entonces del que hoy se despide, del que ya no soporta, del que aquí se rinde. Que tu memoria sea la última vela, mientras yo me disuelvo en la sombra más bella. ​Acuérdate de mí, porque ya no estaré, mi nombre será el rastro de lo que dejé. El monstruo me guía hacia el punto final, el último suspiro, el último puñal. El frío del metal me acaricia la sien, un beso de hierro que me hará sentir bien. Perdí la batalla, mi luz se apagó, el hombre que viste, en la sombra se hundió. Acuérdate de mí, cuando el sol se haya ido, y quede de este rostro solo un eco perdido. ​Un clic, un estruendo, el final del camino, el monstruo sonríe sellando mi destino.