No es el tiempo lo que completa la vida,
sino lo que hacemos con cada latido.
No es el aire, sino el suspiro
cuando el alma se cansa y aun así sigue.
La vida no se llena de días,
se llena de miradas sinceras,
de manos que no sueltan,
de silencios que entienden más que mil palabras.
La completa el dolor que enseña,
la caída que obliga a levantarse distinto,
la herida que no mata
y se vuelve memoria, no cadena.
La completa el amor que no pide,
el que llega sin promesas
y se queda incluso cuando todo tiembla.
También el adiós que duele,
porque nos recuerda que sentir
siempre valió la pena.
La vida se completa
cuando dejamos de huir de nosotros mismos,
cuando aceptamos la sombra
y aun así elegimos ser luz.
Y al final,
no es vivir mucho lo que la completa,
es vivir de verdad.