Odio verte.
Odio verte y no hablarte.
Sentir tu presencia
y no poder hacerla compañía.
Estar ahí,
solo como mirada,
perdida
pero objetiva
Tu luz,
esa que me cegaba,
la que también me asustaba,
la culpable de mi miedo
a la oscuridad
en la que me hallo
desde que te fuiste.