Sobre el cristal del espejo pesa la figura de una mujer que ha tomado una decisión. El vaho empaña la silueta de un camino que ella ya ha trazado. Frente a esa imagen difusa, se escribió el destino de lo nuestro; un espejo que, en su falta de claridad, lo decía todo.
Ella limpió el reflejo, dio color a su rostro y no volvió la vista atrás. En ese preciso instante, mi lugar dejó de estar a su lado para quedar atrapado, para siempre, en el retrovisor.