Dulce pájaro de juventud,
Qué hondos cielos te reclamaron,
Qué vientos tibios te empujaron
Lejos del nido y de la luz.
Qué noches fueron tu refugio,
Qué mares te dieron su sal,
Qué sombra quiso acompañar
Tu paso frágil y desnudo.
Qué avatares te hicieron fuerte,
Qué dudas te hicieron temblar,
Qué sueños lograste guardar
Del filo incierto de la suerte.
Qué flechas dieron en tu ala,
Cuáles rozaron sin herir,
Qué voz te dijo que seguir
Era la forma de la calma.
Y así volaste, sin testigo,
Por derroteros sin final,
Hasta que el alba, al regresar,
Te devolvió a lo perdido.