Un amigo entrañable,
me va derramando la santidad de su perfume...
tal esencia indefinible...
Y su luz que permanece,
tan colmada de amor que de bondades reluce,
por la tierra presente...
Mi mente se estremece,
con su gracia que me sostiene y enardece,
en esta feliz tarde...
Dios y este hombre,
juntos en este poema no imaginado por nadie,
en la vida mezclándose...