Me encantaría que con tus propias manos
abrieras mi pecho
y vieras que todo lo que corre en mí
lleva tu nombre.
Quiero que mires mis ojos
y no encuentres a nadie más,
porque no deseo respirar
si no es el aire que nace de ti.
Arranca mis miedos,
quédate con mi latido,
y verás cómo mi corazón,
con cada golpe sincero,
solo sabe decir:
“amarte a ti”.**